Marina se sentó a escudriñar en su cabeza, en que lugar había colocado la burbuja de jabón que escondió hace algunos día, sin que nadie en casa lo supiera. No recordaba ni que tamaño tenía; era obvio, si era grande no pudo haberla metido en su pequeña cabeza.
Sus cabellos arrancados caían por millar, de a poco se convertiría en calva, y no encontraba la burbuja de jabón, pero cada vez que caía un cabello, se acordaba como era aquella burbuja y podía ver las figuras que se reflejaban ahí adentro: una sonrisa sin dientes; unas manos muy grandes que jugueteaban con unos larguinegros cabellos ...¿serían los que arrancaba ahora? , unos pies grandes que pisaban una zapatillas pequeñas, ¿ se escucha un gemido...?.
Pero...la burbuja se alejaba y no podía permitirlo, no debía irse. La recogío rápidamente y la enfundó , ¿ en dónde???... ¿ en dónde la enfundó ????
Marina seguía idiotamente arrancándose sus cabellos,... cuando flota sin saber de donde, una burbuja que vuela a lo alto, casí, casí tocando el techo, ella salta, salta como nunca antes lo había hecho, pero no la puede alcanzar, la burbuja se quedó pegada en ese cielo gris encementado. Observa los mismos pies que recordó hace un rato, que siguen pisando las pequeñas zapatillas; unas manos muy grandes que agarran una pequeña cintura, y la lanzan muy alto, una y otra vez; sigue viendo la sonrisa vacía-pequeña .
Pobre sonrisa, pobres zapatillas, pobres manos grandes y pobre burbuja que están a lo alto de Marina, ahora ella muy segura, sin saber a quien pertenecen todos esos recuerdos burbujeantes.
Marina descubre una aguja gigante, como un cabello muy largo y la pincha para dejarla libres, las figuras ya olvidadas; al desvanecerse la burbuja , no hubo ni huella de aquello.
Ahora no queda de otra, volver a recoger sus cabellos y pegarlos a su pequeña cabeza .
Delia Pin Lavayen.
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