sábado, 27 de enero de 2018

Noche individual

Todo era tan normal socialmente hablando: la música, la gente, los murmullos, el olor del cigarriilo, las miradas, lo único que no concordaba: era el baile de los que estaban en la pista , los pocos bailarines, no tenían compañero/a , -es lo rico de la electrónica, lo saltas y lo sientes como quieres- y sin compañía, les describo : unos cuantos guapos gringos y dos chicas x, cada quien a un extremo de cada quien, entre vasos de licores y otros sabores, la pista estaba ocupada, las luces llenaban el espacio. Mientras yo, desde la barra y entre cigarrilo y un poco de vodka en la cabeza empezaba mi cuerpo a ser presencia; antes de decidirme salir hacia los dorsos masculinos de los extranjeros, para acompañarlos desde una distancia desfavorable -para mi- respire profundo, absorbí el último humo y hacía allá fui. Mis primeros pasos de bailes fueron interrumpidos por una dispareja que se encarga de ponerle sazón al lugar, todos atentos muy disimuladamente a ella: unos glúteos muy bien proporcionados lleno de siliconas y una boca muy rara -más bien diría fea- y él, el pobre: de peso pesado , que con sus grandes manos cubría la cintura de su acompañante, los demás hombre no desaprovechaban el tremendo especta-cúlo que brindaban mis colegas de baile. Me concentré en la música y las luces, descubrí que las dos tienen un fuerte enlace de belleza, cerré los ojos para disfrutar con mucha libertad al sicodélico ambiente, pero al abrir mis ojos: -¡caray! -Ho-ho, pensé, no había nadie moviendo su cuerpo, sentí las miradas y las sonrisas desde la barra y las mesas. Inmediatamente me dije: -¿cuál es el problema? Puedo seguir bailando sola , ¿qué hay en contra?- De seguro pasó un buen rato, mientras mis pasos se movían suave , mi vergüenza sujetaba mi blusa y mi soledad me hacía otra vez cerrar los ojos. Todos mis “mis” agrietados en la garganta, pido el último trago de vodka y el barman tan gentil me pasa unos papeles y tarjetas , los reviso y sonrío, mis admiradores no se atrevían acercarse para hacerme compañía, ¡que chistoso! Mis cigarrillos y yo decidimos guardarnos para la siguiente salida, también guardo los nuevos papeles en la carterilla, veo muy cuidadosamente a mis hinchas y soy correspondidas entre miradas y copas levantadas, muevo la cabeza en señal de negación. Este es un buen material para el diario anecdótico de mis devenires sociales. Sin más que decir , mis chancletas se arrastran a la puerta y sigo sintiendo la compañía de las miradas. No era mi intención ser la diversión de la noche. 
Delia Pin Lavayen

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