sábado, 27 de enero de 2018

La hiperrealidad de ARIADNA

Teseo avanza despacio sosteniendo el hilo que la apasionada Ariadna le brindó; el minotauro sigue dando círculos en su espacio preferido del laberinto, olfatea algo raro, en su rostro no se dibuja sonrisa ni pena, pero sus ojos se aguan, ahora sabe porqué, ya sabe quien es.

Ariadna esta afuera del laberinto traqueando sus dedos , preocupada por su futuro amante, no sabe aun si le pueda servir como esposo, aun no lo sabe.

Teseo preocupado voltea cada instante por si acaso el ovillo se enrede por alguna pared rasposa, o peor, si el minotauro le sorprende y lo ataca por la espalda, él aún no entiende porque Ariadna lo está ayudando, no cree que se haya enamorado de él. No sabe si cumplirá la aventurera promesa.

Teseo siente el aire cada vez más espeso, por momentos quiere soltar el hilo y quitarse la armadura pesada, pero ¿si el hilo se pierde en el apestoso laberinto????... El minotauro muge absorbiendo la médula de un antebrazo , él sabe que no es hambre lo que siente , él sabe... él sí sabe.

Ariadna le comenta a Fedra lo hermoso que se lo vería a Teseo en traje de principe, pero no lo puede imaginar en ese traje. Ella no sabe , no quiere saber.

Teseo entre pasos salvajes, como de elefante o rinoceronte, se desconoce, por más que quiere caminar liviano, limitando su respiración, por ratos se siente el minotauro y muge fuertemente, hace una pausa , ahí estático sin soltar el hilo, vuelve a patear como caballo, no entiende porqué lo hace , no lo sabe , él no lo sabe.

El minotauro suelta y lanza el antebrazo mordisqueado contra la pared, no tiene intensión alguna de lastimar al héroe de los miedos, al miedo excitado: Teseo. el preso no emite sonido... Teseo sigue respirando como un rinoceronte,  rodeando a su enemigo. El encarcelado estira sus brazos hacia adelante y cierra sus ojos, palabras que diga el condenado serán mugidos para el valeroso Teseo.

Ariadna despeinada en imaginar que no podrá usar un hermoso traje para la boda, ve al bello Dionisos, entre las sombras de sus cabellos, no sabe porque lo recordó, no sabe y no quiere saberlo, prefiere voltear hacia el laberinto: su realidad está ahí encerrada.

Teseo se ha liberado del miedo, ya no teme, eso si lo sabe, patea a su presa, mucha valentía, ha matado al miedo por fin, recuerda que el hilo sigue enredado en el cuello del minotauro, rápidamente lo desata, su pulso ahora es normal, empieza a retroceder sin dar la espalda al medio animal , se aleja sin quitarle la mirada de encima. Un paso... dos pasos... tres... cuatro, ya no puede contar ... corre , corre buscando con todo su cuerpo la salida , el miedo no ha muerto sigue en el laberinto, el hilo es su protección... escucha las pesuñas detrás , su respiración se ha convertido otra vez en fuertes mugidos.

Ariadna oye los trotes muy cerca de sus orejas, tan cerca que dan ganas de trotar también, su corazón trota junto con medias sonrisas, ahora sabe que no será dichosa , que su deseo se arruinó porque se cumplirá... recuerda por décima vez el rostro de Dionisos , el gran Dionisos mirándola de frente sin miedos, ni culpas, ni trotes.

El minotauro ve de frente al sol, antes no podía, sus ojos lloraban apenas lo miraba, lo ve majestuso, se siente heredero, ha descubierto su nueva casa, allá arriba el hogar es circular, amarilla y brillante, ahora conoce que su padre no es ningún dios del olimpo, es el sol, su vigilante diurno y su madre luna, quien lo cubría con la gran frazada de estrellas, casi todas las noches.

Ariadna ha volado hacia la nave junto a Fedra y Teseo , la barca no es como la carrosa que soñó, la tripulación no pueden ser los invitados de su boda, la comida no es apetecible y su amado no es en absoluto nada divino, quiere a Dionisos, quiere estar rodeada de jardines y piletas doradas, en los brazos del ideal, ahora ya lo sabe, sí lo sabe.
Teseo sumergido entre muchos "yo" devuelve el enredado ovillo a la confudida princesa, prometiéndole realidades terrenales y ésta no deja de pensar en darle el ovillo ahora a Dionisos.

Ariadna ha decidido que la nave se detenga en aquella isla, no importa cual es, así podrá soñar y llamar a su rey que la rescate de la realidad, un toro ha visto en vez de a Dionisos , le ha dicho que se vaya , no la detendrá, grita entre sueños, él da la bienvenida: -no me alejes de tu lado, otra vez-
Es el Dionisos con cabeza de toro. Ariadna no lo entiende pero sabe que viene del olimpo , donde quiere habitar. No conoce la hiperrealidad ... pero no bajará de la carroza conducida por su majestuso Dionisos con cabeza de toro.

La delicada Ariadna entre los vientos galopantes, se ha tocado las orejas y descubre que han crecido un poco más , ¿será que pronto se convertirá en un animal salvaje???? eso no lo sabe , y no quiere saberlo nunca más .

Delia Pin Lavayen.

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