sábado, 27 de enero de 2018

Un sí aterrador

Muchas veces ... cuando cruzo el cementerio una voz infinita me susurra : hmmmmmmmm... la escucho cerca de mi oído, no es una queja, ni gemido, es un despertar, tal vez de mis pasos. Camino más aprisa, pero al fin y al cabo estoy resignada a oirlo siempre... ¿por qué paso por el cementerio? es mi casa , ahí descanso cuando se acaba mi día, mi bóveda queda a 5 cuadras de donde se susurra el sonido ... me atemoriza un poco, parece ser que nadie, desde que habito en este lugar, me quieren dar la bienvenida...

Todas las mañanas desayuno hierbas hervidas, ( ya me acostumbré a tomarlas, al principio era raro su sabor ... pero, bueno ); me marcho al trabajo, horario que cumplo de 7 a 7 ... ¿ que hago...? registro a los recien llegados , eso dice mi jefa doña Trémula , escribo nombres que nunca sabré de quienes son , si me atraso una hora o si faltara un día ,encontraré en mi escritorio 80 carpetas más ... Ya lo ha dicho a doña Trémula: -No hay excusas para faltar. Los muertos no se enferman y peor no se enamoran.
Ya tres años durmiendo en mi bóveda , sin extrañar un cuerpo ... es más no soporto el calor , imaginarme que alguien aspire cerca de mi oido, es un fastidio... 
-¿Pero,... por qué no conozco a ningún muerto de mi vecindario... no lo entiendo?

Ayer justamente doña Trémula me invitó a tomar té de hierbas a su boveda , queda muy lejos de la mía, caminamos mucho, escuchamos pasos...yo un poco desconfiada. Ella me dijo: No te afanes, ellos están alerta igual que nosotros.

-¿ se refería a los vivos??? -¿Doña Tremula porqué la veo solo a usted en este mundo? 

-y ella me respondió secamente: - Yo fui tu madre y juré que nadie te apartaría de mi lado, por eso estás acá , decidí que viviéramos en este lugar lejos de todos y cerca de las dos.

Mis pasos cesaron , mi boca cerrada empezó a hormiguear , mi barriga latía , mis piernas soplaban , podía escuchar como se convertían en vientos fuertes , mis manos se hicieron nada , mis cabellos, en culebras asesinas, se delataban... y ella , aquella tremenda mujer, horrorizada:
- ¡Oh no!!! me sigues odiando , desde aquella vez... tus ojos han recordado todo ... ¿qué piensas hacer ahora que estamos destinadas a permanecer juntas en la eterna muerte?

Sentí un fuerte ardor en mi rostro , pero no quemaba , era un calor que helaba más mi barriga , algo muy extraño... alcancé a preguntarle con mucho control :

- ¿Puedo volverte a matar????.

Desde ayer no la veo , alguien escribió una carta, diciendome : "Trabajarás sola , pues la experiencia fue adquirida por herencia y dedicación".

Capté y respondí: -SÍ, ACEPTO, sin ELLa en mi vida.

Delia Pin Lavayen

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